jueves, 22 de enero de 2015

LOS NIVELES DE DESARROLLO


                                                           TIPO  1 

-Desintegrado:



Poseedor de la razón. No pueden permitirse estar equivocados.


Juez y verdugo. Adjudicarse autoridad moral y sentir el deber ejecutor.


Represión y explosión. Lo reprimido se acumula hasta estallar de forma desorbitada.


Obsesión y compulsión. Intentos por controlar los pensamientos y actos irracionales.




-Intermedio:



Espíritu crítico. Atención al defecto. Obsesión con lo que está mal.


Rigidez. Pensamiento en blanco y negro. Un criterio propio inamovible.


Reformadores: Los deberías y los tendrías.


Metódico y organizado. La corrección del detalle por encima del resultado.




 -Integrado:


La verdad y la justicia. Defienden estos valores muy por encima de sus propios intereses.


Responsabilidad e integridad. No aceptan la mentira y son muy consecuentes con sus principios.


Poder de discernimiento. Juzgan de una manera excelente porque se basan en la realidad.



                                                            TIPO  2 

-Desintegrado:

La manipulación. El uso de la culpabilidad.
Los problemas de salud. Una forma de llamar la atención y obtener compasión.
El reproche y la exigencia amorosa. Reclamar amor sin reconocer su necesidad.
El auto-engaño. Justificación, creen que todo lo hacen con buena intención.
El abuso. Como víctima o como ejecutor.


-Intermedio:

Talento social. Facilidad para hacer amigos.
Búsqueda de amistad y de afecto. La atención puesta en los demás.
La recompensa. Establecimiento de expectativas inconscientes.
Entrometimiento. Buscar dónde puede ayudar o ser necesitado.
La deuda. El convencimiento de que los demás tienen mucho que devolverle.


-Integrado:

Altruismo. Capaces de ofrecer a los demás un amor eterno e incondicional.
Empatía. Comprender y sentir lo que siente el otro.
Humildad. Conscientes de sus propias limitaciones.
Afecto. Capaces de amar al pecador, no al pecado.
El ayudador. Generan autoestima preocupándose profundamente por los demás.



                     
                                        TIPO  3 

-Desintegrado:
Trepas. El éxito sin escrúpulos.
Aprovecharse del otro. Usar al otro para propio beneficio.
Romper relaciones sin sentimiento. Ver los sentimientos como un obstáculo.
La mentira como instrumento. Justificar la mentira como medio de obtener éxito.


-Intermedio:
Competitivos. La búsqueda de estatus en cualquier ámbito.
Sacrificar su vida por su carrera. O más bien, su vida es su carrera.
Simpatía manipuladora sin fondo. Habilidades sociales con simple valor instrumental.
Énfasis en el envoltorio. Restar importancia al contenido.


-Integrado:
Auto-crecimiento. Auto-motivación, ensalzamiento de los valores interiores.
Estimuladores de otros. Inspiradores y motivadores afectuosos.
Cultivo del físico. Cuidado de la imagen a través de su cuerpo.
Comprometidos en su trabajo. Consiguen objetivos para ellos y para los demás.





                                                                    TIPO  4 


-Desintegrado:
Auto-odio. Auto-culpación de todo lo que han hecho mal y de sus defectos.
Apatía. Abandono de sus deseos y rendición.
Baja autoestima. Sentirse vistos como defectuosos, insignificantes y desastrosos.
Relaciones complicadas. Estar pendientes sólo de sí mismos.
Falsa profundidad. Desprecio de los que llevan una feliz vida “superficial”.


-Intermedio:
Creatividad y fantasía. Expresión artística de las emociones. Realce de la belleza i la imaginación.
Auto-diferenciación. Originalidad, esfuerzo por ser diferente.
Romanticismo. Valoración del romance, el cortejo, y el drama amoroso.
Indecisión de pareja. Constante comparación con la pareja idealizada.


-Integrado:
Contacto con el inconsciente. Poderosa intuición y creatividad.
Empatía. Comprensión e identificación de los estados de conciencia en el otro.
Autenticidad. Visión del verdadero yo y de la realidad de la vida interior.
Sentido del humor. Sobre la incongruencia y lo absurdo del comportamiento humano.





                                                                  TIPO  5 




-Desintegrado:

Cinismo y desprecio. Rechazo de la sociedad como hipócrita y estúpida.

Aislamiento y vulnerabilidad. No permitir ser influenciados ni invadidos.

Distanciamiento y odio. Se sienten incapaces de adaptarse y están furiosos con el mundo.

Sensación de estar vigilados por algo. Esquizofrenia y ausencia de la realidad.


-Intermedio:

Compulsión por conocimientos. El saber por saber como intento de compensar el vacío.

Búsqueda de maestría. Tendencia a la tacañería para disponer de tiempo y energía para lo propio.

Compartimentación de las relaciones. Mostrando en cada relación sólo una faceta de sí mismos.

Austeridad y libertad. No tener para no necesitar, No pedir para no estar en deuda.

Disección de la realidad x totalidad. Entender la realidad a partir del análisis de las partes.


-Integrado:

Puesta en práctica de conocimientos. Del saber por saber al aportar conocimientos al mundo.

Especialistas en una materia. Donde sentirse aptos y encontrar su lugar en el mundo.

Descubrimiento de conexiones. De la lógica interna de las cosas y de la estructura y los patrones de lo que observan.


Capacidad de concentración. Poder poner toda la energía en su mente y aislarse del exterior.







                                                                       TIPO  6 

-Desintegrado:


Ansiedad e inseguridad. Autovaloración nula y dependencia patológica.

Paranoia. Convencimiento de que todo está contra ellos.

Depresión. Represión de la ansiedad. Pobres perspectivas de futuro.


-Intermedio:

Dependencia en las decisiones. Necesidad de apoyar cualquier decisión en una autoridad mayor.

Conflictos de confianza. Lealtad vs. Constante cuestionamiento de la autoridad.

Ambivalencia. Conflictos entre los impulsos agresivos y los sumisos. Agresividad pasiva.

Pesimismo. Atención insistente en los posibles resultados negativos.


-Integrado:

Autoconfianza y valentía. Conciencia de sus propias capacidades interiores y de actuación.

Transmisores de fe. Capaces de transmitir esa confianza en sí mismos y en los demás.

Seductores emocionales. Aprenden a conectar a nivel emocional para crear alianzas.


Estabilidad y sentido común. Se convierten en personas en las que se puede confiar.






                                              TIPO  7 

-Desintegrado:

Búsqueda de emociones. Consumidores voraces, proclives al exceso y la gula.

Ira. Intolerancia a la frustración y reacción agresiva contra todo culpable.

Inestabilidad. Descontrol. Dependencia del estímulo y pérdida de conciencia.

Bipolaridad. Búsqueda impulsiva de excitación para evitar la depresión, y caída.


-Intermedio:

Materialistas. Placer por consumir, Las cosas están ahí para disfrutar de ellas. Sibaritas.

Búsqueda de diversiones. Y deseo de probarlo todo por si están perdiéndose algo mejor.

Superficialidad. Hacer demasiadas cosas es no poder pararse a profundizar en ninguna de ellas.

Evitar el compromiso. La felicidad se consigue siendo libre.


-Integrado:

Disfrute del momento. Aprenden a valorar la vida como un regalo del que disfrutar sin tomar nada.

Transmisor de felicidad. Son una alegre compañía, siempre encuentran el lado positivo de las cosas.

Optimismo natural. Confianza en que las cosas acabarán saliendo bien.

Mentes productivas. Poseedores de conocimientos prácticos y de una gran gama de habilidades.





                                                                 
                                                                 TIPO  8   


-Desintegrado:
Despóticos. Se sienten omnipotentes e invulnerables.
Beliguerantes. Todos son oponentes a los que hay que intimidar.
Agresivos y violentos. Buscan el poder que proporciona la ley del más fuerte.
Megalomaníacos. Ante el peligro contínuo se llegan a creer invencibles.


-Intermedio:
Amantes del poder. Con el que consiguen evitar sus inseguridades.
Dominantes. Tratan de dominar el entorno y a los demás.
Individualistas feroces. Impulsivos y autosuficientes, aunque todavía rudos protectores.
Emprendedores arriesgados. Amantes del peligro donde demuestran sus habilidades de lucha.


-Integrado:
Asertividad. Seguros de sí mismos y fuertes. Saben lo que hay que hacer y lo hacen.
Líderes natos. Toman la iniciativa e impulsan a los demás.
Valientes. Dispuestos a ponerse en peligro, pueden convertirse en verdaderos héroes.
Magnanimidad. Pacientes, considerados y generosos.

Protectores. Los demás los siguen con amor y adoración.





                                                                   TIPO  9 


-Desintegrado:

Resignación. Desarrollan una profunda indiferencia hacia todo.

Agresividad pasiva. Resistirse a las demandas de la gente de su alrededor.

Disociación. Negar la realidad no reaccionando ante nada.



-Intermedio:

Acomodaticio. No querer destacar demasiado para no alterar el entorno.

Adaptabilidad. No aportar nada, limitarse a lo que quiere el otro.

Flemático. Tranquilos y despreocupados. No se perciben cambios de emoción.

Piloto automático. Abandonarse a la comodidad de la rutina, al hacer sin pensar.



-Integrado:

Integridad. Viven activamente su conciencia, son dueños de si mismos y controlan su vida.

Pacificadores. Tolerantes y capaces de identificarse con todas las posturas.

Confianza. Confían en los demás, confían en sí mismos y confían en la vida.


Afables. Agradables, de trato fácil y campechanos. “Buenas personas”

miércoles, 21 de enero de 2015

LAS PASIONES

                                                         
                                     IRA

En el Eneagrama la ira se define como una actitud de reacción contra lo que nos presenta la realidad, cuando ésta se percibe como imperfecta. Representa a personas que están al servicio del bien, la ética, la virtud y de todo lo que ellos consideran correcto y apropiado, tratando de ensalzar la moral en cualquier esfera de la vida en la que se desenvuelven. Debido a ello experimentan la ira como una actitud de intolerancia y crítica y la viven más bien dentro de una atmósfera de resentimiento que no tanto de hostilidad.

Esta reacción no es simplemente un rechazo a cómo son las cosas sino también un contundente esfuerzo por conseguir cambiarlas para que sean como creen que deberían ser, tratando de corregir los fallos que perciben, tanto en los demás como en ellos mismos. A menudo con las sensación interna de que si todo fuera perfecto, por fin se podrían relajar.

Independientemente del contenido, se trata de un diálogo interno con un tono permanente de evaluación y juicio, y el uso frecuente de palabras como deberías y tendrías, que cuando evalúa como son las cosas las compara con su ideal de cómo deberían ser. Muchos de nosotros tenemos este tipo de diálogo habitualmente, y normalmente tratamos de calmarlo, pero su verdadero poder reside en el hecho de que creemos que sus juicios son acertados.

Este es nuestro crítico interno, cuya función principal, como parte de la estructura de nuestra personalidad, es evaluar si somos adecuados, así como calcular nuestras acciones, y criticar, reprochar, castigar, o elogiar lo que observa.

Esta mecanismo de personalidad coincide con el súper-yo que conceptualizó Freud. Como supervisor del ego, el trabajo del súper-yo es inspeccionar y evaluar la persona, asegurándose de que se dirige hacia los valores y principios que se consideran ideales.

Cuando violamos los estándares del súper-ego, basados en el yo ideal, transmitido por nuestros mayores, experimentamos vergüenza o culpa. De la misma manera que  cuando nuestro súper-ego nos elogia, sentimos una sensación de orgullo y se eleva nuestra autoestima. Pero en cualquier caso se trata de una valoración sujeta a un juicio, no tiene en cuenta nuestra verdadera esencia, la cual es inherentemente buena.

 Al mismo tiempo, es importante tener en cuenta que no todos los sentimientos positivos o negativos hacia nosotros mismos están basados en las evaluaciones del súper-ego, sólo aquellos en los que está presente el juicio y evaluación. En realidad no necesitamos ser juzgados para sentirnos bien, sólo ser nosotros mismos, porque eso ya está "perfectamente correcto".











                                                 LUJURIA

El aspecto más intratable de nosotros mismos con el que tenemos que lidiar es la parte animal de nuestra psique, cuya preocupación principal es nuestra supervivencia física, y cuyo interés radica solamente en el placer y la gratificación de impulsos y deseos, independientemente de las consecuencias que resulten para otros o incluso para nosotros mismos.
Este aspecto está en el corazón de la estructura del ego, y se trata de una fuerza impulsiva oculta y habitualmente desconocida en la vida de muchas personas.
Normalmente nos identificamos con nuestra superficie, con nuestra forma física, mientras que la parte interior de nuestra alma queda perdida en el inconsciente, por lo tanto nuestra identificación consciente es en mayor medida con el cuerpo y con sus impulsos e imperativos biológicos. Esta orientación materialista, que hoy consideramos normal, es el legado de siglos de disociación entre cuerpo y espíritu.
Entonces, puesto que nuestro sentido de quién somos está decididamente enraizado en el cuerpo, nuestra alma experimenta una sensación interna de vacío, y esta sensación se manifiesta en la forma de la pasión del eneatipo Ocho, la lujuria.
En el eneagrama, el significado de la palabra lujuria está relacionado con una insaciable ansia y anhelo por llenar ese vacío, una pasión por el exceso, o un excesivo apasionamiento en el cual la gratificación sexual es sólo una posibilidad más. Es un impulso por tener, por consumir, por saciar y saturarnos con sensaciones físicas, algo que caracteriza a este eneatipo pero que es común a todos nosotros. Y puesto que este vacío sólo se puede llenar a través de una gratificación sensual es evidente que nuestra atención estará desviada hacia aquello que está más allá de nuestro cuerpo.
De este modo la perspectiva del Ocho se dirige principalmente a satisfacer sus impulsos, y cualquier obstáculo como son las convenciones sociales o formalidades pueden ser consideradas absurdas y superfluas, y las demás personas simplemente ser tenidas en cuenta como una fuente de gratificación.
El concepto de alma animal es central en esta pasión, es como la expresión de un impulso de energía interior que atraviesa los velos de la estructura de la personalidad y se manifiesta en nuestras sensaciones y en nuestra conducta. Típicamente se muestra en los Ocho cuando observamos que están llenos de entusiasmo, intensidad, impulsividad, y que acostumbran a ser más espontáneos y menos inhibidos que los otros tipos.
Sin embargo, es central en el Ocho el asumir que no tienen el derecho a que sus deseos sean gratificados, que los demás pueden querer privarlos, que esta energía libidinal y agresiva es mala y no aceptable. Como dice Claudio Naranjo: debemos considerar que lujuria es más que hedonismo. Hay en la lujuria no sólo placer, sino placer en afirmar la satisfacción de los impulsos, placer en lo prohibido y, particularmente, placer en la lucha por el placer….
….. La intensidad extra, la excitación extra, la especia, no viene sólo de la satisfacción instintiva, sino de una lucha y de un triunfo implícito.










                                          PEREZA

El hombre está dormido, este es el principio de todas las tradiciones espirituales, es por lo cual la realización espiritual suele llamarse despertar. Aquí la pasión de pereza se refiere, no a ser reacio a moverse o hacer cosas, sino a un impulso a poner la atención fuera de uno mismo, en el mundo exterior y en la vida de los demás. Y esto da como resultado que la propia vida interior parezca algo poco importante, tanto como para uno mismo como para los demás.
Atraídos por el camino de la menor resistencia, tratamos de evitar el cuestionarnos demasiado las cosas, con una preferencia por las cosas fáciles, sin conflictos, y que no demanden mucha asertividad. La motivación inconsciente es permanecer en la superficie de la experiencia.


El punto Nueve del eneagrama es considerado el punto primario, en el cual los demás eneatipos se reflejan, y su pasión, la pereza, la más central. Esta pereza apunta sobre la tendencia en la mayoría de la humanidad a no reconocer que gran parte del mundo que vivimos es una realidad auto-impuesta, que poco tiene que ver con las cosas como realmente son. Experimentamos el mundo a través de los filtros de nuestros condicionamientos, establecidos mayormente durante la infancia, y nos movemos por la vida como en un trance, inconscientes de que hay más vida de la que experimentamos. Y los demás eneatipos son variaciones de cómo tratamos de compensar esta falta de conexión.