lunes, 19 de enero de 2015

LAS VIRTUDES



                                                 SERENIDAD.



Una de las maneras más productivas de tratar con nuestro súper-ego es a través del diálogo, verbal o escrito, entre éste y la parte de nuestra personalidad correspondiente a nuestro niño interior, con la intención de obtener una reconciliación. Este niño interior es víctima de las acusaciones del súper-ego, del mismo modo que cuando éramos niños recibíamos las acusaciones de nuestros padres, haciéndonos sentir muchas veces que no cumplíamos sus expectativas.


A través de esta conciliación podemos conseguir una tregua y detener el diálogo interno conflictivo. Cuando esto sucede y este diálogo interior desaparece, podemos experimentar quietud y tranquilidad, en vez de las turbulencias y el ruido interior. Al principio nos encontraremos con una sensación de que estamos solos, pero esta sensación es simplemente el remanente de la representación de nosotros mismos que tenemos en la mente.

Esta quietud interior nos lleva a la virtud del punto Uno, la serenidad.

La Ira tiene relación con nuestra tendencia innata a discriminar una cosa de otra, pues es así como conocemos una cosa, en contraste con otra, lo pequeño da significado a lo grande, lo malo a lo bueno, etc.. Por lo cual el juicio comparativo está de forma natural en nosotros, pero cuando del juicio comparativo pasamos al juicio evaluador comienza el problema, si juzgamos que una cosa es buena y la otra mala comenzamos a sentir una carga agresiva hacia la considerada mala.

La llave para trabajar nuestra tendencia a reaccionar contra la realidad es sentir directamente el dolor de rechazar aspectos de nosotros mismos como algo negativo, conectar con el daño que nos infringimos a nosotros mismos constantemente cuando dividimos nuestra experiencia y rechazamos una parte de ella.

Simplemente pensar en estos incidentes nos llevará a un profundo sentimiento de dolor, que al asomar a nuestra conciencia provocará que no continuemos relacionándonos con nosotros mismos de la misma manera, y empezaremos a relajarnos.

Serenidad significa que no necesitamos satisfacer ninguna condición para aceptar algo, sino que estamos completamente abiertos a recibir las cosas como son, y esto es posible cuando hemos trabajado suficientemente nuestros estándares internos y somos capaces de conectar con la realidad sin ningún tipo de juicio.

Serenidad es la sensación de seguridad, de que todo está bien como está, y la percepción directa de que somos parte de la armonía que embellece la existencia de todas las cosas.










                                                     INOCENCIA



La verdad es que nuestra última naturaleza no es el cuerpo, no es algo de forma física o material, y orientarse hacia satisfacer los deseos sensuales o sensoriales no es alinearse con las cosas como realmente son.

Aunque por fuera los Ocho parezcan más vivos y exuberantes por dentro están como desconectados de su vitalidad, probablemente en proporción directa con su bravura. Como si las capas de su escudo protector les separase de su corazón, como si su alma se hiciese más dura e insensible.

Lo que necesitan, entonces, como todos los demás, es poder liberar la energía vital contenida en la estructura del alma animal, de manera que esta vitalidad pueda servir al alma de forma positiva.

Esto nos lleva a la virtud del punto Ocho, la inocencia. Según Ichazo: ser inocente es responder de forma fresca en cada momento, sin memoria, juicio o expectativa. En la inocencia uno experimenta la realidad y está conectado con su flujo.

Por lo tanto, experimentar la realidad con frescura e inmediatez consiste en hacerlo sin la distorsión de los velos del pasado, lo cual nos permitirá expresar la energía contenida en la estructura de nuestra parte animal y que esta estructura se vaya haciendo más transparente, libre de culpas, pero provista de la astucia y el ingenio propios de la orientación física, que nos permita ser verdaderamente humanos y que nuestra vitalidad fluya libremente por nuestra alma.

  Según esta estructura del alma animal se relaja, su fuerza vital, que es inseparable del alma, se revela, y vemos que esta energía que anima al cuerpo, no es sólo el cuerpo. Que esta energía no emana de el cuerpo físico, sino que es una energía cósmica, la energía vital de todos los seres. 
 Sin los condicionamientos del pasado, sin los filtros de la memoria, encontramos las cosas inocentemente tal y como son, con frescura, cada cosa es nueva y pura. Recuperamos la inocencia de cuando eramos niños, y que siempre estuvo ahí.








                            ACCIÓN


Profundizar en la amplitud de nuestra conciencia requiere comprender la orientación habitual de nuestras almas. La mayoría de la humanidad vive en un estado en el cual la atención está puesta directamente en lo externo, enfocada en lo que se está haciendo o en la persona con la que te estás relacionando. Este estado, que puede llamarse de piloto automático, es vivir y operar mecánicamente en respuesta al exterior con poca conciencia interna. Esta es la naturaleza de nuestro sueño, y despertar requiere expandir nuestra conciencia hasta incluirnos a nosotros mismos y a todas las dimensiones de la realidad que son parte de nosotros y de las cuales nosotros somos parte.
Como principio se trataría de tomar consciencia de nuestro cuerpo, lo que significa no solamente ocuparlo, sino sentirlo y experimentarlo desde el interior. Y siguiendo con este tipo de exploración a nivel más profundo descubrir que nos encontramos con numerosas capas que podemos ir deshaciendo hasta llegar a experimentar la verdadera naturaleza de nuestra alma, un estado libre de nuestra historia egoica, que lejos de tratarse de un estado estático se muestra con diferentes cualidades, familiares para nosotros, como compasión, plenitud, paz, coraje, silencio, etc… Esto llevado a una práctica constante nos puede proporcionar un alto grado de libertad de los condicionamientos de nuestra personalidad, en otras palabras: la práctica de la virtud de la acción nos permite tomar contacto con nuestra alma, con nuestra verdadera naturaleza, y ver que esta naturaleza es en realidad la naturaleza de todas las cosas.


Este esfuerzo da lugar a la acción interior y también a la acción exterior, al comportarnos de acuerdo a los principios y las características de la verdadera naturaleza, lo que los budistas llaman la acción correcta, descubrimos otro matiz de la virtud de la acción. Basar nuestra conducta en estos profundos principios, mediante la práctica, nos ayudará a alinear nuestra alma y nuestra conciencia con un estado de iluminación y de despertar.

domingo, 11 de enero de 2015

ENEATIPO 1

La conducta del iracundo viene totalmente condicionada por la existencia de un guión interno que actúa de juez inapelable. Sus sentencias, sus voces interiores, gozan de absoluta autoridad en todos los campos de la existencia, desde el trabajo hasta la vida íntima. La crítica se vierte sobre los demás pero también se retuerce contra uno mismo, transformándose en autocrítica inmisericorde. Censura y reprobación desembocan en una vida insatisfecha. No hay nada perfecto. La autocrítica secuestra los deseos y engaña a quien la ejerce. No mueve al juez interno una razón objetiva sino una transmutación de la ira que busca una salida elegante y aceptable...... .....La crítica del iracundo no es un ejercicio meramente intelectual. Se trata de una estrategia operativa que quiere incidir en cambiar las cosas para que se hagan según sus criterios. Asistido por la razón, cualquier medio es válido para obtener el resultado apetecido. No hay invitación sino exigencia.... .....Las relaciones de simetría no son propias del E1. Al identificarse con el ideal, la perfección y la norma, se eleva sobre los demás. Surge el sentimiento de superioridad al estar colocado en el podio. Sus tomas de cámara son en picado y nunca los demás, a quienes juzga por sus defectos, pueden estar a su altura. El iracundo genera distancia. Bajar de sus ideas al mundo de sus sentimientos e instintos, le colocaría al mismo nivel que los demás, pero le rompería los esquemas. Tendría que enfrentarse a sus propios miedos..... .....La trampa del E1 es creer que si alcanza la perfección obtendrá amor, reconocimiento y admiración. Como la perfección prácticamente no existe porque cualquier realidad es susceptible de mejora, se empeña en un esfuerzo abocado al fracaso. La resistencia que encuentra le genera rabia, que orienta hacia la mejora permanente sin resultados satisfactorios.... .....El control de la ira es fundamental para el E1. El iracundo fabula que la liberación de la rabia le abocaría a traspasar los límites de lo prohibido y sería incapaz de afrontar situaciones incontrolables. El control se ejerce al precio que sea, incluida la manipulación sutil de los demás..... .....Tener razón significa estar en lo cierto. Se convierte en una necesidad neurótica para el iracundo. Le proporciona seguridad y le garantiza estar en lo correcto. Moverse en el ámbito de los principios conlleva el riesgo de olvidarse de los matices y de no reconocer el error. La lógica es aplastante pero la vida sigue otros derroteros..... .....El control, la necesidad de tener razón y el esfuerzo confluyen en producir un caráter rígido. No hay medias tintas. Los extremos son más fáciles de manejar que los intermedios y los matices. En las relaciones se traduce como dureza de corazón. La defensa neurótica de los principio prevalece sobre la atención a las personas....





La mirada sobre el mundo del uno destaca la imperfección, el cómo deberían ser las cosas y no lo son, y la creencia de que pueden hacer algo por mejorarlo. Como consecuencia dan por supuesto que hay una manera correcta de hacer las cosas, como si de un manual se tratara, y que ellos tienen acceso a ese manual. De esta manera sienten cierta legitimidad para establecer juicios comparativos sobre lo que está bien y lo que no, lo cual se manifiesta en una actitud compulsiva de juzgarse e intentar mejorarse constantemente y al mismo tiempo hacer esto con sus semejantes, piensan que nos ayudan cuando nos dicen cómo debemos actuar y censuran nuestro comportamiento, si piensan que no es el correcto, pues se sienten con el deber de mejorar el mundo. Si se les acusa de perfeccionistas lo suelen negar de entrada, si entienden que les dicen que "van de perfectos" porque en realidad siempre se sienten imperfectos en relación a la imagen de perfección con la que se comparan, además esto motiva un trasfondo de ira y enfado, ya que su deseo es alcanzar ese estado y no lo consiguen. Esta sensación interior de descontento tiene, además, que ser reprimido pues no se ajusta a la idea de perfección, así nos encontramos con una persona que hace un esfuerzo titánico, por un lado trata de disimular su iracundo defecto, y por el otro trata de mejorar el mundo. En el fondo es su manera de buscar el amor, y si no lo encuentran es porque aún no lo están haciendo lo bastante bien. Aunque puede ser difícil convivir con una persona así, si seguimos sus instrucciones y nos esforzamos por ser mejores les podemos hacer más felices, pero claro hay que hacer las cosas a su manera y eso ya no está tan claro.






domingo, 4 de enero de 2015

ENEATIPO 2

Cuando el sentimiento de orgullo se une a la creencia de ser alguien especial, de primera categoría, que merece el amor y el aplauso de los demás, es cuando el orgullo se convierte en pasión. Pasión por agradar, sobre todo a las personas a las que admira, las que son inferiores las ignora o les dedica una mirada ladeada de arriba abajo, no son su publico, y si molestan o interrumpen enseguida les recrimina con altanería. El pavo real no solo usa su amplio plumaje para encantar sino también para ocultar a la vista de su objetivo a los que se sitúan detrás. Su ambiente natural está donde se pueda sentir el centro de atención, es el aplauso de los demás lo que les alimenta. Aunque detrás de ello se esconde una enorme necesidad de amor, ésta es reprimida, por lo general suele tener un alto nivel de satisfacción, pero al depender su imagen de la aprobación de otros se vuelve muy sensible y posee por ello una emocionalidad muy inestable. Se suelen mostrar como personas cálidas, sensibles, afectuosas y serviciales, siempre pendientes de agradar y complacer, son conquistadores y encantadores, pueden saber con facilidad tus necesidades y tratar de cubrirlas con delicadeza. Pero debajo de todos esos esfuerzos por ser tan especiales y encantadores hay una intención inconsciente, la de recuperar el amor que les ha sido negado, quieren sobre todo sentirse amados, amor como reconocimiento, amor como alimento...





domingo, 28 de diciembre de 2014

ENEATIPO 3

Las relaciones afectivas y amistosas del E3 están amenazadas desde la misma base. Sustituir el amor por el gustar, aunque potencie el esfuerzo, impide la entrega. Sujetarse a las expectativas del otro implica la pérdida de sí porque se desconocen los propios sentimientos. No hay compromiso personal. La pareja no es alguien a quien amar y a la vez una fuente de amor, sino alguien a quien mostrar. No hay amor sino gusto y exhibición para alimentar la propia vanidad. Se trata de un Matrimonio de conveniencia, tal indica el título de Weir (1990). Pesan más las ventajas mutuas que los sentimientos personales. El abandono amoroso cede su protagonismo al cálculo y a la eficacia.
- Quiero un compañero que sea socialmnte aceptable, presentable.
- Ahí radica mi falsa entrega, porque yo no doy lo que tengo, sino lo que creo que el otro quiere.
- Otro aspecto es que, sobre todo en la relación de pareja, bajo la máscara de la buena chica (que hace o es como el otro desea), en el fondo no hago más que amarme a mí misma y a la imagen de buena chica con la que me identifico.
- En el ámbito de las relaciones afectivas, quiero ser como el otro me quiere para resultar amable y deseable.
- Esto hace que corra el peligro de encontrarme en una paradoja dolorosa; "si soy como el otro quiere, corro el peligro de alienarme, por tanto pudiera suceder que para no perder al otro, me pierda a mi mismo".
Las relaciones de pareja se resuelven en un juego de apariencias en el que la acción ocupa el vacío que produce la ausencia de sentimientos auténticos. No se ama, se hace el amor. No puede haber entrega de sí, porque se ha perdido la identidad en aras de la imagen. Predominan los aspectos formales y correctos. La representación teatral no elimina la frialdad. Hasta el orgasmo puede convertirse en fingimiento. Siempre las emociones adecuadas prevalecen sobre las auténticas.




Su exagerada preocupación por la imagen la lleva a depender anímicamente de un espejo para saber quien es, este espejo donde se observa y se evalúa a sí misma son los demás, así su foco de interés no es su propia experiencia sino lo que pueden pensar o sentir los otros respecto a ella. No existen méritos si no son observables, cada acción está encaminada a representar un papel, el más adecuado en cada ocasión. Sueña con ser el centro de admiración, que su público la aplauda por haber demostrado de lo que es capaz y lo que ha sabido conseguir, y no escatimará esfuerzos por llegar a ser aquello que más admira, pero necesita a los demás para afirmar su identidad, sin esa aprobación siente que no es nada, por ello tiene miedo a la soledad, cuando está sola no sabe quién es, rápidamente buscará una tarea que realizar, se arreglará ella, ordenará la casa o limpiará el coche, siempre algo que se ve, así, ocupándose de su fachada, consigue ignorar un yo interior que se siente ignorado y reclama atención, pero necesita estar sola de vez en cuando para descansar, abandonar su máscara y esa ansiedad inconsciente que le provoca el miedo a ser descubierta y el tener que mantener a raya sus sentimientos cuando no son adecuados o pueden mostrar debilidad. En el fondo es una esclava de la sociedad, una sociedad que dicta los papeles deseables, y ella los representa como si fuera una buena actriz que busca un buen papel para su éxito, pero tras cada actor hay un individuo que vive en el anonimato, como si a nadie le importase, que se siente como un niño al que nadie tiene en cuenta sino se comporta como un adulto....




E III. El Vanidoso no se siente bien porque las cosas le vayan bien, es necesario que los demás vean que las cosas le van bien, aunque no sea así en realidad. El éxito reside en su imagen, no en su vida, esto es así porque el sólo se observa por fuera, no tiene tiempo de analizar su interior, está demasiado ocupado en perfeccionar su apariencia y sobre todo en comprobar la impresión que causa en los demás. Del mismo modo busca la superficialidad de las personas, le interesa aquello que pueda aportar un incremento en el valor de su propia imagen, los valores internos sólo le importan sí estos son reconocidos socialmente en su entorno, en cuyo caso es capaz de hacer una pirueta curiosa, los incorpora en su imagen externa sin que lleguen apenas a traspasa su piel, podrá incluso ayudar a alguien con estos conocimientos sin siquiera saber en realidad de que está hablando,


III. El Vanidoso es infeliz porque no puede brillar siendo él mismo, ha de hacerlo representando a alguien creado a partir de valores externos, se trata de cómo tengo que ser para que los demás me valoren y de este modo se acabará olvidando de quien es él en realidad. Ello tambien provoca que suela parecer una persona superficial, dado que sus personajes carecen de profundidad, pero en realidad alberga un ser profundo, un ser bondadoso, pero que se siente triste porque no se puede mostrar.





domingo, 21 de diciembre de 2014

ENEATIPO 4

 PASIÓN


ENVIDIA.

Muchos de nosotros nos estamos del todo contentos con nosotros mismos tal y como somos, o con lo que tenemos, casi invariablemente, como son los otros o lo que tienen nos parece mejor. Por otro lado, cuántas veces nos hemos alegrado por la suerte que otra persona ha obtenido, porque ha conseguido un buen trabajo, una buena pareja, un premio, o por el contrario hemos lamentado que otra persona le haya salido algo mal. En cualquier caso, la buena o mala suerte de otros es algo que personalizamos, sea cual sea nuestra situación.
Constantemente comparamos lo que tenemos con lo que tienen otros, y la mayoría de las veces suele ser mejor lo de algún otro, tenemos cierta tendencia a proyectar plenitud, satisfacción, felicidad y otras cosas positivas en los demás y desde nuestro puntos de vista los demás siempre parecen tener lo que a nosotros nos falta. Esto nos lleva a percibir y proyectar lo bueno de nosotros en el exterior y a envidiar a los que están dotados con ello.
La parte más oscura de la envidia la podemos ver cuando seguimos a quienes envidiamos buscando la parte criticable de ellos, tratando de calumniar, perjudicar o hacer mal de alguna manera, e incluso alegrándonos cuando sufren o algo les va mal.
En términos del eneagrama, podemos decir que nuestra envidia se muestra de modo más dramático en cuanto se trata objeto de nuestro instinto dominante; sexual, social o autoconservación.
En el subtipo de autoconservación tenemos tendencia a envidiar la seguridad física, en forma de suficiencia económica, de una buena casa, o un buen puesto de trabajo, también envidia de la fortaleza física, la resistencia o la salud, en general cualquier cosa que percibamos superior en otro relacionado con la supervivencia y el bienestar.
En el subtipo social la envidia trata sobre la capacidad de ser considerado un buen amigo, o un lugar en el grupo jerárquicamente superior, además del prestigio, el poder, respeto social, elogios, etc..
Y si el instinto sexual es el dominante sentiremos la envidia en el área de las relaciones íntimas, como la capacidad de atraer a alguien, o la pareja de otro pensando que es más deseable que la nuestra, el número de conquistas, etc. Además algunos sufren simplemente por estar interesados en alguien que no está a su alcance, hasta el punto de que esta es la única relación suficientemente excitante para mantenerse enganchados a ella.
Hay grados de envidia, empezando por la admiración hacia alguna persona o a algo que posee y desear que nosotros lo poseyéramos, esto es algo que siempre está presente. En su grado más alto la envidia es un estado de profunda turbulencia y malestar, puede alcanzar el extremo de malicia o de odio. Si permitimos ese odio en nuestra alma veremos que es un intento de destruir la fuente de esa perturbación interna en un intento de restaurar la paz en nuestra conciencia.
La envidia es así una respuesta a la disparidad y la discrepancia de un juicio comparativo, y en este juicio está implícita la preferencia por lo que hemos juzgado como mejor y con ello el juicio de que lo nuestro es inferior. Una vez que este juicio está hecho nos volvemos contra nosotros rechazando y esencialmente odiando lo que somos y lo que tenemos.
Lo que añade malicia a la envidia es tanto el sentido de injusticia por no poseer el objeto como el no poder adquirirlo. Esto lleva a sentir hostilidad hacia lo que consideramos bueno, y empezamos a odiar la fuente de nuestra envidia por hacernos sentir tan desprovistos de suerte y tan impotentes de para hacer algo por cambiarlo.


VIRTUD


ECUANIMIDAD.

Cuando envidiamos a otro estamos idealizando al otro y a lo que éste posee, y al mismo tiempo rechazando a nosotros mismos y a lo que tenemos. De este modo tanto nosotros como el otro en vez de ser tomado como una totalidad, una persona completa, es considerada por una parte, y la parte o las partes del otro son idealizadas como lo bueno, y esto es todo lo que vemos. Solamente cuando estamos abiertos a nuestros cambios de estado, cuando somos capaces de vernos en nuestra totalidad, vernos con todo lo que somos, somos capaces de ver lo mismo en los otros.
Ecuanimidad viene a significar “igual animo”, lo que se puede traducir en un balance emocional, y este balance sólo es posible cuando nos soportamos a nosotros mismo con equidad, de mente y de corazón, es una apertura hacia toda nuestra totalidad, cuando somos ecuánimes estamos en un estado de equilibrio emocional que empieza por una visión equilibrada de los otros y de nosotros mismos.
La ecuanimidad se desarrolla manteniendo nuestro corazón abierto a todas las circunstancias cambiantes de nuestra vida. Manteniendo una apreciación abierta hacia lo que consideramos bueno, no como algo deseado y de lo que no disponemos, sino como algo implícito naturalmente en nosotros al igual que en los otros. Cuando somos capaces de regocijarnos y deleitarnos en la belleza, brillantez, abundancia o desarrollo del otro estamos reconociendo que es una parte de la totalidad de la que también somos parte.
Como todas las virtudes, desarrollar la ecuanimidad empieza con nuestra experiencia del momento presente. Nuestra relación con los procesos internos, con el constante cambio de pensamientos, sentimientos y sensaciones es el principio de la ecuanimidad. La verdadera actitud de ecuanimidad, no valorando una experiencia sobre otra, nos permite estar con la totalidad de nuestra experiencia, y haciendo eso, experimentar nuestra totalidad.


La autopercepción del E4 se sustenta en la idea del defecto y la carencia, cuyos orígenes hay que remontar a la infancia. Se convierten en una constante vital de la que no se puede prescindir. La insaciabilidad es su drama porque nunca alcanza la satisfacción. La envidia actúa de sucedáneo pero nunca consigue su objetivo. A lo más, se aproxima. La referencia ajena es la pauta, por lo que el sentimiento de disgusto es mayor.....
El sentimiento de pérdida está vinculado al amor, como instancia primera y última del E4. La seguridad de amar y de ser amado se ve resquebrajada por la privación óntica que implica el tipo de pérdida que experimenta. El vacío se traduce en falta de amor y la voracidad que despierta en hambre de amor. El mecanismo que une ambos es la envidia como carencia y deseo.
La pérdida genera tristeza y melancolía. La nostalgia pone el acento en lo que no se posee. Por ello, el E4 huye del aquí y del ahora para refugiarse sobre todo en el pretérito: "Cualquier tiempo pasado fue mejor". El presente se muestra inalcanzable. Se pierde así la conciencia de los valores poseídos.
La valoración de lo ajeno viene acompañada aquí por la desvalorización de lo propio. Lo primero puede ser virtud y perspicacia, pero junto a lo segundo la envidia está servida. Este proceso contiene un odio soterrado hacia sí mismo, que tarde o temprano desemboca en un descrédito general, incluido el objeto admirado: " las uvas están verdes", según reza la fabula de Samaniego.
Perturbación de la conducta a través de algunas estrategias operativas:
1.Comparación que conduce a la competitividad.
2.Dependencia y apego en las relaciones con los demás.
3.Desvalorización unida a la culpa y al deterioro de la autoimagen.
4.Vivencia masoquista del dolor y del sufrimiento.
5.Desconfianza, miedo, huida y alejamiento.
6.Emocionalidad preponderante que culmina en el odio.
7.Experimentación intensa de las necesidades y de ser especial.
La relación de pareja y amistad se concreta en la dependencia y el apego como formas parasitarias de vivir el amor. La envidia cifra sus pretensiones en suprimir la alteridad y la diferencia, al menos cuando éstas son vividas desde la inferioridad. Esta tarea justamente dinamita las bases del amor, porque tanto la alteridad como la diferencia son sus ingredientes básicos. La ruptura o la separación, en tanto que pérdida del referente envidiado, condenan a la soledad y al vacío. No hay amor al otro sino utilización. No se busca al partner, con quien se establecen relaciones de simetría, sino un salvador que se enfrenta a la tarea imposible de proporcionar felicidad a un E4. El autoboicot del envididoso invalida cualquier intento.




E IV. La envidia. Envidia de que otros hayan tenido una infancia mejor, de que los demás puedan tener una vida plena y sepan quienes son. Ella no sabe bien quien és, sabe que si no le hubieran fallado cuando era una niña ahora podría ser alguien y sentirse bien. Pero se siente mal, no puede perdonar, le han privado de una vida como la de las personas felices que tanto le molestan. Insatisfacción, tiende a evitar la dicha, se siente más segura en su amargura, al fin y al cabo la felicidad no puede durar y eso conlleva una frustración. Desde su negrura reclama amor y atención. Si no se lo das te hará sentir culpable, se siente mal por tu culpa y no te perdona por ello y mucho menos aún, consentirá que seas feliz. Y si se lo das también te hará sentir culpable, por no estar a la altura de lo que ella esperaba,y sufrirá por ello y te hará sufrir con ella. Aún así necesita el amor, le hace sentir, necesita sentir, es en sus sentimientos donde siente que es alguien. Dependencia sin confianza, amor sin entrega, quiere un amor que no existe, sólo está en sus sueños.

domingo, 14 de diciembre de 2014

ENEATIPO 5

El Investigador. Cuando evoluciona positivamente el E V desarrolla una capacidad de observación y entendimiento extraordinarios. Tiene una mente despierta y siente una gran curiosidad por conocer el funcionamiento profundo de cualquier cosa, su capacidad de aislamiento le proporciona un gran poder de concentración con el que pueden bucear por el entramado del más puro conocimiento. Esta atracción por el trabajo intelectual viene explicada por la tendencia de los V a refugiarse en su mente, donde se sienten seguros y protegidos, donde se manejan con soltura. Posiblemente, ya de niños, encontraron así, en la forma de una cabaña en el árbol del patio de casa, la manera de poder desenvolverse con libertad, de no ser rechazados ni criticados. Pero este aislamiento tiene un precio, el E V no se maneja bien en las interacciones sociales, éstas le producen ansiedad, sobre todo cuando se trata de manejar los sentimiento y las emociones, sienten curiosidad por las personas pero desde la posición de un observador, no se comunican bien, en cuanto se remueve alguna emoción en su interior salen corriendo a su cabaña en el árbol para analizar que ha pasado. El precio del aislamiento es la soledad, aprendieron a desconectar de sus sentimientos y ahora viven en un mundo puramente mental, un rico mundo que quieren compartir, pero sin saber cómo hacerlo. El Investigador necesita tomar contacto con su cuerpo, donde están las emociones que tanto le asustan pero también su energía instintiva, necesita perder el miedo y entregarse a las relaciones, aprender a comunicarse sin abrumar al otro con su poderío mental, darse a conocer y relajarse, tiene mucho que aportar y compartir. Son sus sentimientos lo que debe usar y desarrollar, el " amar sin miedo", de este modo alcanzará a ser una persona completa y extraordinaria...




E V. Tiene miedo a que le hagan daño. Siente una necesidad de relaciones humanas auténticas pero se retrae, no quiere caer en una entrega total donde suele acabar sintiéndose traicionado, cree que los demás se relacionan de forma superficial y él no sabe hacerlo o no le interesa. El E V se esconde, se refugia tras las trincheras dejando un resquicio para poder observar el exterior, se avitualla, de ahí su tacañería, quiere estar preparado y armado para cuando deba salir. Pero sabe que está solo, siempre será una cuestión de tiempo el que se arrepienta de haber comenzado cualquier relación, en algún momento le pedirán algo y tendrá que dar un paso atrás e irse por donde ha venido. Volverá a su refugio, donde no necesita a nadie, donde seguirá preparándose,preparándose para nada....





Eneatipo V: la avaricia y el desapego patológico « [...] Culpa. El eneatipo V (junto con el eneatipo IV, en la parte inferior del eneagrama) se caracteriza por una propensión a la culpa, aunque el eneatipo IV siente la culpa más intensamente, pues aquí queda “amortiguada” por un distanciamiento general de los sentimientos. Sin embargo, la culpa se manifiesta en una vaga sensación de inferioridad, en una vulnerabilidad a la intimidación, en un sentimiento t inadecuación y timidez, y, más típicamente, en la característica ocultación de la persona.Aunque puede entenderse la culpa a la luz del fuerte superego del eneatipo V, pienso que también es una consecuencia de la implícita decisión temprana de apartarse del amor (como respuesta a la falta de amor del mundo exterior).Así, puede considerarse el frío desapego del eneatipo V como un equivalente de la ira en el vengativo eneatipo VIII, que pugna por salirse con la suya y lucha por sus necesidades en un mundo hostil. Su separación de la gente es un equivalente a luchar contra ella, como si, en la imposibilidad de expresar ira, aniquilara al otro en su mundo interior.Al adoptar una actitud de indiferencia amorosa, siente una culpa que es comparable al a del bravucón testarudo, sólo que es más “visible”, porque el bravucón la niega defensivamente, mientra que aquí se manifiesta como una kafkiana propensión a la culpa que lo impregna todo.[...]». Carácter y neurosis, Ed. La Llave, 2005, pp. 91,92

domingo, 7 de diciembre de 2014

ENEATIPO 6

El miedo y la desconfianza. El miedo a tomar decisiones equivocadas limita la vida del E6, necesita una figura de confianza que le marque el camino, sin embargo esto no anula su suspicacia, teme ser manipulado y que se aprovechen de él, una constante puesta en tela de juicio acompañará cualquier tipo de relación, sólo en casos de una total convicción se entregará totalmente, lo cual se puede acabar convirtiendo en algún tipo de fanatismo.
La proyección como mecanismo de defensa: proyecta en los demás sus miedos internos, la falta de confianza en sí mismo y el sentimiento de culpabilidad,esto le conduce a una situación de alerta permanente, una sensación de estar siempre bajo amenaza.
Tendencia a la racionalización e intelectualización con el fin de evitar emociones e instintos. El control racional de las situaciones le proporciona un falsa sensación de seguridad que no hace más que esconder sus miedos bajo una fina capa de pensamientos, que muchas veces tratan simplemente de distraer y no prestar atención a la parte emocional de un problema. Se puede refugiar en actividades que pueda controlar racionalmente como saber fechas, planificar actividades, resolver sudokus o apalabrados....
Estabilidad laboral:en el trabajo el E6 busca la seguridad en una figura de autoridad eficaz, que le proporcione reglas estables de cumplimiento y pautas de reconocimiento con las que pueda encontrar su sitio fijo, puesto que teme a los cambios, que ve como amenazas. Debido a ello, si encuentra su tranquilidad, puede convertirse en un empleado leal y fiel de por vida.
LA PASIÓN MIEDO En tiempos remotos el ser humano debía estar centrado en su supervivencia, en tener suficiente comida y en mantenerse a salvo de los peligros, que dependían en gran medida de los caprichos de la madre naturaleza. Hoy en día, ya no es este el punto central de nuestra atención, sin embargo eso no ha hecho que disminuya el miedo en nosotros, ahora en vez de preocuparnos por obtener el sustento nos preocupamos por no destruirnos a nosotros mismos. Este relativo bienestar en los últimos tiempos viene explicado por un aumento en la tecnología y el conocimiento científico, que ha ido invadiendo el terreno a la autoridad religiosa, como forma de entender la realidad. La iglesia y también Dios poco a poco han ido perdiendo su lugar como comprensión de la vida y esto ha dado lugar a apartar a un lado la importancia del alma humana. La industrialización nos ha llevado a ser solamente una mota en las masas, y la vida moderna, con toda su sofisticación y comodidades, nos ha ido despojando de un sentido de profundidad y significado. Por ello, el “miedo”, la pasión del punto Seis, en lugar de estar erradicado, simplemente ha cambiado su aspecto. El miedo es hoy uno de los pilares de la vida moderna, desde el momento en que nos identificamos con nuestra estructura de personalidad, vivimos con miedo. Tenemos miedo a diferentes cosas, desde el eneagrama vemos que cada eneatipo tiene un miedo básico a algo diferente, sin embargo cuando simplemente tenemos miedo de todos y de todo en algún grado, o si tenemos miedo sin identificar el objeto que lo produce, simplemente como un impulso de nuestra psique, entonces es muy probable que seamos un tipo Seis. En referencia a los subtipos instintivos, aunque el miedo esté más relacionado con el instinto de supervivencia, vemos que la relación con el instinto social hace que prevalezca un sentimiento de que necesitemos formar parte de un grupo para sobrevivir, o en el caso del instinto sexual que para asegurarnos nuestra supervivencia deba ser a través de las relaciones íntimas. Sin embargo, independientemente de cual sea el subtipo dominante, la estructura de personalidad del Seis siempre está relacionada con el miedo. Convencido de que el mundo es inseguro y peligroso, y el entorno un lugar hostil, y que los otros están impulsados solamente por el egoísmo, les posiciona en una perspectiva de cinismo según la cual la bondad no sólo es algo inalcanzable sino que simplemente no existe. No sólo dudando de la cara positiva de las personas sino más aún de la intención de los impulsos instintivos, de sus motivaciones, lo que produce una actitud temerosa hacia la realidad interna, experimentándola como desconfiable y engañosa, un temor básico a los impulsos que surgen espontáneamente de nuestro interior. Es esta convicción de desconfianza hacia uno mismo, hacia los demás y hacia el mundo en general la que conlleva un permanente estado de miedo o ansiedad. Inevitablemente, todos nosotros, en el punto en que nos identificamos con nuestra personalidad, compartimos este cinismo del punto Seis y su resultante pasión, el miedo. .  

LA VIRTUD CORAJE Cuando buscamos seguridad para luchar con este miedo, la buscamos en fuera de nosotros, en algo o alguien que nos la proporcione, esto resuelve pocas veces el problema y si lo hace es sólo de manera temporal, pues es una situación de dependencia, en la que está implícito el miedo a la pérdida, lo que nos conduce a un círculo vicioso, cuando buscamos fuera de nosotros la seguridad, nuestra búsqueda se hace infinita. Esto sucede por la manera en que funcionamos psicológicamente, con una reserva de ansiedad acumulada durante nuestra vida y no gestionada, es imposible sentirse seguros sin ponerse a trabajar sobre ello directamente. Si lo que conforma nuestra estructura de personalidad es la inseguridad, la única solución es trabajar esta estructura abriéndose al miedo contenido en ella. Más que buscar seguridad, entonces, se trata de explorar nuestra falta de seguridad. Entender que esta inseguridad es más bien algo neurótico más que algo realista, y que el remedio reside en nosotros mismos, que la seguridad la encontraremos en nuestro interior y que lo que interfiere en nuestra capacidad de conseguirlo es el estado de ansiedad. Nuestra ansiedad, normalmente desproporcionada en relación a la situación real, inhibe e incluso paraliza la posibilidad de vivir plenamente, tenemos miedo de las cosas externas, pero cuando exploramos esto detenidamente la mayoría de veces el miedo es hacia nosotros mismo, hacia nuestro deseos, hacia nuestros impulsos, a qué pasaría si actuásemos espontáneamente, incluso tenemos miedo de provocar ansiedad en el otro y esto incrementa la nuestra. Lo más difícil para una persona es abrirse y observar la realidad interior, universalmente coraje es, en su connotación más profunda, el coraje de mirarse a uno mismo, pensamos que coraje es ausencia de miedo, pero el verdadero coraje no es eso sino más bien la valentía de ver qué el lo que se necesita para enfrentarse a cada pensamiento que nos produce miedo, para ello debemos empezar por enfrentarnos a nuestros propios juicios acerca de lo que encontremos, a las creencias establecidas en nuestro pasado que dan cuerpo a ese miedo. A descubrir que pensamos que los demás son mucho más amenazantes y malévolos de lo lo son en realidad, y que por eso muchos de nosotros vivimos el miedo basándonos en esta creencia. Cuando exploramos esto encontramos que se trata de una proyección de nuestra propia agresividad y hostilidad desplazada, sobre todo en los casos en que tratamos de ser buenas personas y mostrarnos a nosotros mismos con una vida íntegra, poniendo en los demás nuestros propios impulsos, de los que pretendemos renegar. Reconociendo estos impulsos agresivos nos encontramos paradójicamente en dos cambios perceptivos, el primero en nuestra forma de experimentar el mundo que nos rodea, que es mucho más benevolente y amoroso de lo que nos parece, y el segundo en la forma en que nos experimentamos a nosotros mismos y nuestra naturaleza. Nuestra proyección crea una especie de cortina que oscurece lo que percibimos, tanto alrededor nuestro como en nuestro interior, bloqueando la luminosidad que está presente y es fundamental en la naturaleza de todo lo que existe. Cuando valientemente penetramos en nuestra experiencia interior, incluida nuestra propia presencia, encontramos que nuestra naturaleza es algo indestructible, y nuestra ansiedad desaparece, cuando tenemos el coraje de relajarnos y dejar de estar alerta nos abandonamos al verdadero soporte amoroso de la realidad.